Cuando era pequeña solía pensar que en algún lugar había una persona como yo, con ambiciones, con sueños, con miedos, con ganas de contemplar este mundo como una inmensa obra de arte, con fuerza para sonreir con la mirada, con valor y energía para enfrentarse a cualquier reto. Crecí con el convencimiento de que encontraría a esa persona, que el mundo iba a temblar con el ruído de mis pasos, que no habría en ningún rincón alegría más grande que la que yo sintiera, que nadie podría crear una barrera que me detuviese. Me obcequé en entregar siempre lo mejor cada vez que convertía a la persona que tenía delante en mi otra mitad; daba igual...yo conocía el poder de ese secreto que guardaba, y eso podía más que los pequeños detalles, las grandes discusiones, lo diferente que lo vieran los demás. De todos modos, en algún lugar tiene que estar...en algún lugar tiene que estar.
Ya no hay ambiciones ni sueños ni miedos ni la gracia de sonreir con la mirada. El mundo es gris y huele a odio, humo y muerte, y mis ganas de amar se han convertido en otra utopía más en el país de nunca jamás. "Bienvenida a la realidad. Aquí tiene su nuevo traje gris...ah, y los reyes son los papis, por si acaso".
Siempre hablé contigo porque sabía que estabas en algún lugar. Sabes? Ojalá no existas, y si existes, espero que estés tan jodida como yo, y que cuando te encuentre, seas tan gris que ya nadie pueda quererte.
...Lo siento, se me clavaron las espinas de todas las rosas que no pude regalarte el día de San Valentín.